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Los caserones del Parque Pereyra

Se trata de una magnífica construcción del siglo XIX que mantiene el encanto de una época lejana, con un marco natural único por la variedad de sus especies
Dentro de esa gigantesca reserva de biósfera que es el parque Pereyra Iraola, se encuentra una de las estancias más emblemáticas de nuestra región y la provincia de Buenos Aires. Se trata de la Santa Rosa, una palaciega construcción rodeada de verde que, si bien no es la única que se levantó en el lugar, se erige en ese predio como un caserón que aún hoy conserva intactos los vestigios de ese pasado que comenzó a construirse cuando ni siquiera la Ciudad existía como proyecto concreto.
La historia del Pereyra Iraola comenzó en realidad a fines del siglo XVI, cuando recién se empezaba a consolidar el territorio. Juan de Garay repartió tierras, desde Wilde a Magdalena, entregando treinta propiedades denominadas "suertes de estancias", todas sobre la costa del Río de la Plata. Una de éstas fue entregada a don Antón de Higueras, que luego de algunas sucesiones pasó a ser propiedad de don Pedro Ximenez. En junio de 1850 se formalizó la venta de la estancia "Las Conchitas", de aproximadamente trece mil hectáreas y propiedad de Juana Rita Pinto de Ximenez, viuda de Pedro Capdevila, a favor de Simón Pereyra, pasándose a llamar a partir de allí "Estancia San Juan".
La prematura muerte de Simón Pereyra dejó como heredero en el año 1852 a su único hijo, Leonardo Pereyra, que realizó una gran transformación de esta propiedad. Según cuenta la historia, Leonardo Pereyra emprendió un viaje cultural junto a su primo Martín Iraola. Se tomaron unos tres años para recorrer Europa y Rusia, recolectando ideas nuevas sobre parques y adelantos tecnológicos para el campo. Ambos proyectaron sobre sus propiedades parques que hoy son públicos, como el Paseo del Bosque de la Ciudad de La Plata y el Parque Provincial Pereyra Iraola.
Aquel viaje grabó en la memoria de Leonardo Pereyra los parques y jardines europeos. De ellos aprendió que la forestación conserva el suelo, disminuyendo los efectos de la erosión, generando a su vez un microclima que beneficia la producción ganadera. Así, en 1860, sembró el vivero de la Estancia San Juan, y para el año 1870 ya contaba con un monte de cuatro mil plantas que medían de 3 a 15 metros de altura.
En aquel entonces se importaron de Inglaterra la vaca Coral y el toro Difiance, inaugurando la famosa era de los Shorthorn de pedigrí. Poco después se convirtió en la cabaña madre de los Hereford del país, importando en el año 1862, los primeros reproductores de la raza.
A la muerte de Leonardo, la vieja Estancia San Juan se dividió entre sus seis hijos: dos varones recibieron las estancias mayores, San Juan y Santa Rosa, y cuatro hijas mujeres recibieron La Porteña, Las Hermanas, Abril y El Carmen, iniciándose así el proceso de división y venta de las tierras.
LA EXPROPIACION DE 1948
Más acá en el tiempo, ya en el año 1948, el entonces presidente de la Nación argentina, Juan Domingo Perón, anunció en su discurso ante el Congreso la expropiación de las estancias San Juan y Santa Rosa, pertenecientes a la familia Pereyra Iraola, expresando los motivos de esa visionaria medida: "Salvar este tesoro forestal y artístico estratégicamente implantado entre Buenos Aires y La Plata, y realizar una vasta obra cultural, social, científica y turística que incluyera institutos experimentales, laboratorios, viveros y parques zootécnicos." Al año siguiente, se les expropió a la familia Pereyra Iraola, y otros pequeños propietarios, una superficie de 10.138 hectáreas y a los pocos meses, otras 110 hectáreas.
El día 24 de febrero de 1950, desde el balcón de la estancia Santa Rosa, el presidente Juan Domingo Perón, su esposa Eva Duarte de Perón y el gobernador de la provincia de Buenos Aires Alfredo Domingo Mercante, se dirigieron a unas 20 mil personas que se habían congregado allí para inaugurar el parque "De los Derechos de la Ancianidad" y abrir al uso público unas 800 hectáreas de la ex estancia Santa Rosa.
Actualmente, esta estancia conserva sus detalles palaciegos y es el edificio emblema del Parque Pereyra Iraola, un predio que se levanta en nuestra región como la única reserva natural de la provincia de Buenos Aires con más de cien especies forestales introducidas y flora autóctona como talas, espinillos, blanquillos, ceibos, lianas, sauces, helechos y rastreras, que crean un fresco sotobosque digno de conocer.
En toda esta área se halla el 36% de las especies superiores vegetales bonaerenses. Cerca de 200 especies de aves pueblan el aire. Cardenales, zorzales, loros, teros, benteveos, carpinteros, calandrias y golondrinas, todos sobrevolando día a día estos bosques y los alrededores de la histórica estancia que nació a mediados del siglo XIX
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Fecha de construcción: los edificios históricos del parque fueron construidos entre 1818 y la segunda mitad del siglo XIX
Estilo: Neo-colonial
Destino original: Casco de estancia
Destino actual: Oficinas del gobierno provincial

Ubicación: Parque Pereyra Iraola

Palacio MAMMONI

Testigo de más de un siglo de historia
A lo largo de ciento tres años, la casa de 14 y diagonal 73 fue habitada por tan solo tres familias: Centurión, Atencio y Mammoni
Algunas de las primeras fotos de La Plata muestran ya su perfil al fondo de un paisaje solitario, casi rural. Edificado en 1907, cuando la Catedral no tenía siquiera su primera torre, el caserón que ocupa todavía la esquina de la calle 14 con la diagonal 73 ha visto desfilar desde sus ventanales más de un siglo de historia platense por la plaza Moreno.
Pese a su larga existencia en él vivieron sin embargo sólo tres familias. Su primer dueño fue el doctor Centurión, un médico que lo hizo edificar y lo ocupó junto a los suyos durante los primeros años. Luego lo compró la familia Atencio; y más tarde, el cirujano Osvaldo Mammoni, quien lo adquirió con la idea de instalar allí la maternidad del Sanatorio Argentino y terminó convirtiéndolo en lo que ha sido el hogar de su familia desde hace más cincuenta años.
"Desde el primer momento en que la ví supe que iba a ser mi casa", cuenta Eva Masucco, viuda del doctor Mammoni. Pese a haberse criado a una cuadra de allí, ella reconoce no haberse fijado nunca en el caserón hasta después de casada, en el año 1962.
"No era fácil advertir su belleza -explica-. Estaba tapada por dos enormes cipreses y una enamorada del muro sobre el frente, y tenía además un murallón de dos metros de alto todo a lo largo sobre la calle 14. Pero el día que la descubrí supe que iba hacer mi casa. Y a la semana la compramos", cuenta Eva.
"Aunque mi marido la quería para descongestionar el Sanatorio Argentino trasladando ahí la maternidad, la casa nos gustó tanto que decidimos quedárnosla para nosotros, ya que además de ser muy linda nos resultaba muy funcional", explica.
De estilo afrancesado, el caserón posee tres pisos, cinco baños y quince ambientes. La planta baja, pensaba para instalar allí consultorios con entrada independiente, funciona como un área de servicios, dejando la planta intermedia para la vivienda en sí y la superior, para los dormitorios.
RESTAURADO POR COMPLETO
Si el doctor Mammoni y su mujer tardaron apenas una semana en adquirir la casa, ponerla en condiciones de ser habitada les tomó en cambio cerca de un año, y en ese proyecto invirtieron más de lo que habían pagado por su compra. "No se cómo era la relación con el dólar entonces, pero me acuerdo que la compramos por 700 millones de pesos, cuando los millones eran colorados, y gastamos cerca de un millón en arreglos", comenta su actual propietaria.
"Estaba muy deteriorada, casi para demoler -asegura-. Las persianas estaban picadas; la carpintería, podrida en gran parte; los mosaicos venecianos de los pisos se habían levantado; la instalación eléctrica no servía y los cinco baños no podían usarse. Todo estaba para hacer de nuevo cuando llegamos".
Aún así, Mammoni y su esposa decidieron respetar las características originales de la casa dentro de sus posibilidades. "Por afuera quedó tal cual; de hecho, como decidimos eliminar el paredón que daba a 14, conseguimos un herrero que copió la reja al detalle e hicimos restaurar las 34 puertas y 45 ventanas que tiene. Adentro tuvimos que hacer algunas modificaciones para un mayor confort", cuenta Eva Masucco.
Entre esas modificaciones, "se le bajaron los techos y, por sugerencia del arquitecto Oscar Ruótolo, se le instaló un ascensor central que funciona a su vez como refuerzo para la estructura de la casa. Y sobre la terraza del garage, se construyó un auditorio con sala de proyección, porque Osvaldo daba ahí sus clases y mostraba diapositivas de las operaciones", relata su viuda.
Salvo eso, al caserón de la calle 14 no se le hicieron mayores modificaciones. De hecho, todos sus ambientes conservan la característica de no tener ángulos rectos en la unión de sus paredes; y su fachada, la imponente presencia con que nació hace más de un siglo.
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Fecha de construcción: 1907
Estilo: Afrancesado
Arquitecto: Desconocido
Destino original: Vivienda familiar

Destino actual: Vivienda familiar

PALACIO DE CULTURA

Una joya en el país de las miniaturas
En la República de los Niños, este histórico palacio donde funciona el Museo de los Muñecos representa lo más rico de la arquitectura mozárabe
Dentro de la República de los Niños, ese parque temático de 53 hectáreas que encierra pequeños castillos, palacios orientales, edificios públicos y cuya leyenda cuenta que sirvió para inspirar al mismísimo Walt Disney, se levanta uno de los palacios arquitectónicamente más valiosos de la región. Se trata del Palacio de Cultura, que presenta las características de la arquitectura mozárabe y que se asemeja al Taj Mahal de Agra, de la India, con sus torres bulbosas, almenares, minaretes y la rica ornamentación típica del arte árabe.
Su patio interior, de estilo islámico, tiene reminiscencias del Patio de los Leones de la Alhambra. Es un patio rectangular rodeado por una galería de columnas y cuyo centro ocupa una fuente inspirada en la de los leones. El palacio sirve como sede del famoso Museo Internacional del Muñeco, que alberga una importante colección de 2500 piezas, de las cuales muchas de ellas fueron donadas por embajadores y diplomáticos.
Este museo nació gracias a la generosidad del titiritero y cineasta Cándido Moneo Sanz, que en 1968 organizó en el predio una exposición de marionetas con maquetas de películas, títeres y varios muñecos de su colección.
Este edificio está compuesto por doce salas que presentan un fascinante universo cultural de trajes para ceremonias, rituales religiosos y fiestas imperiales. Una es la llamada Sala Patriótica, que está dividida en dos salas que relatan los acontecimientos más importantes de la independencia argentina. Comenzando desde las invasiones inglesas, pasando por el Cabildo Abierto, el paso de San Martín, la jura de la Bandera por Manuel Belgrano, hasta el congreso de Tucumán.
La sala fue construida para recrear los hechos históricos, la vestimenta de la época, los medios de transporte y la arquitectura. Las dos vitrinas que se encuentran en la primera y segunda sala patriótica fueron donadas en 1977 por María Elena Antonieta Córdoba, quien además donó los muñecos de La Cenicienta y algunos otros de la sala Argentina. La señora Córdoba era una artesana de Dolores que residía en nuestra ciudad; luego de su muerte, su hermana quiso que la República de los Niños contara con este material que había sido creado con ese fin. En la segunda sala Patriótica, en tanto, se encuentra otra fachada de la Casa de Tucumán dividida en dos partes, el interior y el exterior de la misma.
OTRAS SALAS
La Sala Argentina, por su parte, alberga los muñecos que representan a las provincias de Jujuy, Tucumán, Chaco, Buenos Aires, Tierra del Fuego y San Juan. En su interior se pueden apreciar escenas de gauchos reunidos, como también de damas patrióticas y escenas de los festejos del aniversario de la independencia en el pueblo y en la ciudad. En la Sala Americana, mientras tanto, se pueden ver muñecos de América del Norte, América Central, y América del Sur.
Pese a reunir características de la arquitectura árabe, el palacio también encierra una Sala Africana, donde todos los muñecos pertenecen a Nigeria y están construidos artesanalmente. Su particularidad es que están creados en ébano, madera negra. Esta sala y la Americana fueron inauguradas en la primera década de 1970.
Y para conservar su concepto cosmopolita, el palacio también tiene un lugar para la Sala Europea -que encierra muñecos de Italia, Rumania, Suiza, Letonia, Lituania, Estonia, España, Francia, Alemania, Portugal, Ucrania, Hungría, Suecia, Yugoslavia, Rusia, Holanda, Bulgaria y Grecia- y otro para la Sala Asiática, un pabellón compuesto por muñecos de los siguientes países: Corea, Vietnam, Taiwán, Japón, India, Indonesia, China, Tailandia, Israel, Filipinas y Pakistán.
Fiel al entorno que lo rodea, el palacio tiene también la llamada Sala de Cuentos, que está compuesta por la representación de dos cuentos infantiles tradicionales: Cenicienta y Blancanieves.
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Fecha de construcción: 1951
Arquitecto: su obra es una réplica del Taj Mahal de Agra, en la India, creada por Shah Jahan
Estilo: representa la arquitectura mozárabe
Destino original y actual: entretenimiento y educación

Ubicación: Camino General Belgrano y 501, Gonnet

CASCO DE LA ESTANCIA GRANDE

Un rincón detenido en el tiempo
Fue el edificio principal de las estancias "Don Ramón", primero, y "Estancia Grande", más tarde. Con más de doscientos años de historia, se encuentra hoy en el interior del Batallón de Comunicaciones de City Bell
En el interior del Batallón de Comunicaciones ubicado en camino Centenario y Güemes de City Bell, se encuentra el antiguo casco de la Estancia Grande de la familia Bell. El predio, adquirido por el gobierno nacional en 1944 para ser destinado al uso del Ejército, esconde una atrapante historia que se remonta al siglo XVII.
Esas tierras en las que hoy se levanta City Bell pertenecieron a los jesuitas en la segunda mitad del siglo XVII y fue en ese período que esta orden religiosa estableció los cimientos del actual casco de la Estancia Grande para establecer su convento. Según la documentación existente, los jesuitas se establecieron allí alrededor de 1650 y permanecieron hasta 1695, cuando venden las tierras a Luis de Pezoa de Figueroa, un importante hacendado de la época.
Luego, en 1761, los herederos de Pezoa de Figueroa venden las tierras a Francisco Rodríguez de Vida, cuyo hijo Antonio vende a su vez en 1768 a Ramón Rodríguez, quien construye el primer asentamiento de la estancia sobre las ruinas de lo que fuera la capilla de la Compañía de Jesús.
El establecimiento que tomó el nombre de "San Ramón" tuvo otros propietarios: en 1822 fue adquirido por Benito Carballido, y en 1836 por Faustino Ximénez. Finalmente, el 2 de diciembre de 1846, Ximénez vende a George Thomas Bell la denominada estancia "San Ramón", que se extendía de lo que hoy conocemos como el distribuidor Benoit en el ingreso de La Plata hasta el Parque Ecológico de la actual Villa Elisa, y cuyo fondo llegaba hasta la Ruta 36.
La casona principal del establecimiento, de estilo colonial, construido por la familia Rodríguez (originalmente de una sola planta) fue ampliada por Jorge Bell. Ese edificio es actualmente el Casino de Oficiales de la Agrupación de Comunicaciones 601.
UNA ESTANCIA IMPORTANTE
La Estancia Grande era uno de los establecimientos de campo más importante de la Argentina de fin de siglo XIX. Fue heredada por Jorge Bell en el año 1879, a la muerte de su padre George Thomas Bell, y su ubicación era privilegiada gracias a la proximidad a centros importante de población y puertos de embarque.
La preocupación de Eduardo Bell, uno de los sucesores de Jorge y durante muchos años el administrador y co-propietario de la Estancia, fue siempre la de mejorar sus haciendas, buscando para ello todo lo que pudiera beneficiar directa e indirectamente los cruces de razas. Había en el lugar tres grandes galpones destinados al ganado fino y con una capacidad para cien vacunos cada uno.
Para los yeguarizos había otros tres y un galpón para la raza ovina, en donde reinaban las más exigentes normas de higiene y seguridad. Además había en Estancia Grande "doce puestos organizados, todos ellos con sus poblaciones de material, montes y aguadas permanentes, que las proveen tres arroyos que cruzan el campo en toda su extensión. Además, y como medida de previsión, hay simétricamente distribuidos, seis poderosos molinos para extraer agua para el riego", rezan los relatos de la época que hacían hincapié en la abundancia de conchilla "que es tan abundante en la estancia que le da así un cachet de lujo", símbolo que se destacaba en este importante establecimiento ganadero que sentó las bases de la posterior fundación de City Bell.
LA PROPIEDAD DE LOS BELL
En manos de la familia Bell la estancia sufrió algunas transformaciones. A partir de 1910, con el fallecimiento de Jorge Bell y la posterior muerte de su esposa, Catalina Shaw, manejos administrativos inapropiados y el fracaso inicial del loteo del pueblo de City Bell en manos de uno de sus hijos -Eduardo Bell-, obligaron al remate de las tierras por parte de los hijos herederos.
Lorna Bell, quien fue nieta de Jorge Bell e hija de Percival Guillermo Bell, contó en 1996 cómo fue que su padre recuperó el casco de la Estancia Grande: "mi padre estaba entre comprar El Rincón, que había sido de mi tío abuelo Tomás Bell y que se vendía en la misma época, o comprar la Estancia Grande. El Rincón tenía entonces 600 hectáreas y la Estancia Grande tenía 150. Fue al remate de El Rincón, y calculó que el precio había subido demasiado. Finalmente lo compraron los Saint, los dueños de Chocolates Aguila, mientras que mi padre terminó comprando la Estancia".
La nieta de Jorge Bell, hoy ya fallecida, contó que "cuando mi padre compró la Estancia, nosotros vivíamos en la calle Venezuela 1072, que correspondía a la 9 de Julio, y como era una casa que se iba a demoler forzosamente, nos mudamos a la Estancia, para gran felicidad mía y de mis hermanos. En el año 1927 nos fuimos dos años a Europa y, al regresar, mis padres se separaron. Mi padre se volvió a Europa y nosotros quedamos viviendo allí con mi madre hasta que nos expropiaron la Estancia".
Durante este período, los jardines y parques ocupaban 5 hectáreas y constituyeron una magnífica obra de arte del paisajismo.
La familia Bell conservó el casco hasta que el Ejército Argentino se hizo cargo en 1944.
UNA PUERTA CON HISTORIA
Además de haberse edificado sobre las ruinas de la capilla jesuita levantada a mediados del siglo XVII, el casco de la Estancia Grande cuenta con otros elementos de gran valor histórico. Un ejemplo de ello es una vieja puerta de madera antiquísima que habría sido incorporada a la casa durante una de las ampliaciones realizadas por los Bell. La particularidad de esa puerta es que, según aseguraban los Bell, se trataba de una abertura que había pertenecido al antiguo convento jesuita.
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Fecha de construcción: Alrededor de 1770
Arquitecto: Desconocido
Estilo: Colonial
Destino original: Casco de la Estancia Don Ramón
Destino actual: Casino de oficiales del Batallón 601

Ubicación: Camino Centenario y Güemes, City Bell

PALACIO LÓPEZ MERINO

La casa donde creció el poeta.
Este petit hotel proyectado a principios del siglo XX por el arquitecto Francisco Villar, fue la casa de su infancia del poeta Francisco López Merino. Hoy alberga un complejo bibliotecario con más de 65.000 volúmenes
Sobre la calle 49, entre diagonal 74 y calle 12, un petit hotel edificado a principios del siglo XX se ha convertido en uno de los sitios emblemáticos de nuestra ciudad. Además de su indiscutible valor arquitectónico, este palacete fue también la casa familiar del poeta Francisco López Merino en su infancia.
Su aspecto tiene características románticas, pintoresquistas, con una gran influencia Art Nouveau en lo ornamental. Expresa composición y un gran despliegue de imaginación. El palacio conserva casi intacto el diseño original, pero, la parcela ha variado, ya que al principio llegaba hasta la esquina de calle 12 donde se observaba un amplio jardín y se encontraba el acceso para carruajes.
El proyecto, que estuvo a cargo del arquitecto Francisco Villar, se comenzó a construir a comienzos del siglo XX. Según los registros documentales, las primeras gestiones ante la comuna para autorizar las obras datan de 1905, aunque el palacio quedó inaugurado a finales de 1910 o principio de 1911.
Se trata de un edificio pensado como vivienda unifamiliar a pesar de contar con un total de 33 habitaciones. Allí vivió la familia López Merino que actualmente da nombre a este edificio declarado patrimonio histórico de La Plata en 1985.
"PANCHITO" LOPEZ MERINO
A pesar de haber vivido apenas unos años en esta casa, la figura del poeta platense Francisco López Merino y su trágico final están profundamente identificados con esta majestuosa mansión.
Hijo del escribano Francisco Toribio López y América Merino, Panchito -como lo llamaban- publicó siendo muy joven "Horas de amor", su primer folleto de poemas, en 1920, con sólo dieciséis años. Disconforme con su obra, rápidamente sacó de circulación los ejemplares editados. Un año después publicó "Fragmentos de un libro inconcluso"; en 1923, editó "Tono menor"; y finalmente, en 1925, se conoció "Las tardes", el que sería su último libro. En mayo de 1928, Francisco López Merino decidió quitarse la vida con un disparo en el baño de "la perrera" del antiguo Jockey Club de La Plata.
Tan fuerte fue la figura del joven poeta en el imaginario platense que siempre se conoció a este palacete de calle 49 como "Palacio López Merino", a pesar de que fueron varios los particulares que fueron propietarios de esa vivienda tras la muerte de Francisco Toribio López.
Finalmente, en 1962, la Municipalidad de La Plata adquirió el edificio y comenzaron a funcionar sucesivamente diferentes oficinas a lo largo de los años.
En la actualidad, el Palacio López Merino alberga al Complejo Bibliotecario Municipal, que cuenta con más de 65.000 libros en sus cuatro bibliotecas y una hemeroteca.
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Fecha de construcción: 1905-1910
Estilo: características románticas, con influencia del Art Nouveau
Arquitecto: Francisco Villar
Destino original: vivienda unifamiliar
Destino actual: complejo bibliotecario municipal

Ubicación: calle 49 Nº 835 entre diagonal 74 y 12.

PALACIO DE LAS FLORES

La antigua Casa Boo, hoy un centro de estudiantes
De características escenográficas, el edificio de 12 y 58 constituye un emblema de la vertiente italiana del Art Noveau en La Plata
Aunque su altivo diseño sugiere acaso un pasado de alcurnia, el "Palacio de Las Flores" -como se conoce al edificio de 12 y 58- nació como una tienda de ropa. En él funcionó durante años la antigua Casa Boo, que llegó a tener sucursales en toda la Provincia. Hoy es la sede de un centro universitario que ofrece allí habitaciones para estudiantes recién llegados a la Ciudad.
Construido en 1913, el edificio constituye parte del legado creativo que dejó Guillermo Ruótulo, un arquitecto, escenógrafo, pintor y escritor napolitano que se nacionalizó argentino y tuvo una gran actividad durante las primeras décadas del siglo pasado. A él pertenecía también el diseño de la sede platense de la "Societá Unione Operai Italiani", demolida a mediados de la década del ochenta.
Con una impronta arquitectónica que se destacaba entonces entre el austero provincialismo de la nueva capital, Ruótulo le dio a este edificio una fachada marcadamente escenográfica, con una altura muy superior a la necesaria, quizás para despertar la ensoñación de los futuros clientes.
De hecho, hay quienes sostienen que el arquitecto se habría inspirado al diseñarlo en la idea de una fortaleza. Al menos eso es lo que sugiere la torre mirador del inmueble, que posee tres plantas, dos terrazas, cinco locales comerciales y más de una docena de habitaciones.
Lo cierto es que el edificio, construido para convertirse en una tienda con departamentos en sus plantas superiores, se inscribe dentro del estilo Liberty, una versión italiana del Art Noveau. Este puede advertirse tanto en la herrería artesanal, con motivos vegetales, como en la piezas de cerámica incrustadas sobre su fachada.
DE TIENDA A CENTRO UNIVERSITARIO
Tras varias décadas de funcionar como sucursal de Casa Boo, el inmueble fue subdividido y hoy posee al menos tres propietarios. Uno de ellos es el Centro de Estudiantes de Las Flores, que en 1968 adquirió gran parte de las plantas superiores del edificio.
Una de las primeras instituciones de su tipo en la Ciudad de La Plata, el Centro Universitario florence había estado deambulando durante doce años por distintos inmuebles alquilados cuando un grupo de estudiantes que vivían en él propuso reunirse y comprar la propiedad de 12 y 58.
Aquella iniciativa de los estudiantes encontró apoyo en la comunidad de Las Flores, que los ayudó a pagar un crédito bancario a través de un sistema de bonos vecinales. Desde entonces, varias generaciones de estudiantes de esa localidad, hoy profesionales, conservan de su paso por La Plata un grato recuerdo del viejo edificio.
A fines de la década del noventa, debido a su valor arquitectónico el "Palacio de Las Flores" fue incorporado por la Municipalidad de La Plata al catálogo de bienes de Valor Patrimonial del casco urbano. Esta categoría lo pone a resguardo de ser demolido y lo protege además de sufrir modificaciones que alteren sus características de época.
En la actualidad, unos veinte estudiantes universitarios becados por el Centro de Las Flores viven allí en las habitaciones de la primera y segunda planta. Pero el edificio alberga además un departamento familiar, así como también una casa de deportes, un negocio de cotillón, una librería, una relojería y una tienda de ropa juvenil.
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Fecha de construcción: 1913
Estilo: Liberty
Arquitecto: Guillermo Ruótulo
Destino original: Tienda de ropa
Destino actual: Centro de estudiantes universitarios

Ubicación: 12 y 58

PALACIO D'AMICO

Construido por el gobernador Carlos D'Amico, este tradicional palacio se convirtió en sede del Arzobispado de La Plata a principios del siglo XX Desde los primeros años de la ciudad, en la esquina de 14 y 53, una imponente construcción ha llamado la atención de vecinos y visitantes. Se trata del originalmente llamado "Palacio D'Amico", actualmente sede del Arzobispado de La Plata. 
Este palacio fue construido pocos años después de la fundación de La Plata, en tierras asignadas a Carlos Alfredo D'Amico, quien fuera ministro del gobernador Dardo Rocha y más tarde sucesor de éste en la gobernación. 
Según el estudio realizado por Jorge Mennucci, publicado en el libro "La Plata Ciudad Milagro" de 1982, el Palacio D'Amico, obra original se enmarcó en el estilo del Renacimiento italiano y su proyecto estuvo a cargo del arquitecto Leopoldo Rocchi, quien también fue responsable de proyectar el Teatro Argentino en nuestra ciudad. 
Si bien el lote fue asignado en agosto de 1882, recién en septiembre de 1884 el ministro D'Amico gestionó el préstamo con el que construyó su residencia en la flamante ciudad. La obra fue finalmente inaugurada en enero de 1887, cuando su propietario ya había asumido sus funciones como gobernador, a pesar de que aún no había sido concluida totalmente su construcción. 
CRITICAS AL GOBERNADOR 
Las dimensiones y el lujo que exponía la casa del entonces gobernador desataron un sinfín de críticas en la ciudad, tanto entre sus vecinos como en la prensa de entonces. El diario La Capital publicó en 1887, con motivo de la inauguración del palacio, el siguiente texto: "D'Amico caracterizó su nuevo residencia con un lujo comparable al de los sátrapas de oriente, el recibo del último miércoles constituyó el acontecimiento social de la semana, sabíase que ese inmenso palacio costaba mucho dinero, pero nadie hubiera imaginado los esplendores que encierra en su interior, así fue que al penetrar por primera vez en los salones, la concurrencia se sintió sobrecogida de admiración y de sorpresa, aquello parecía el trasunto material de las mil y una noches. 
Hay en la casa muebles, bronces, objetos de arte, de incalculable valor. Hay en la casa tapices de alto precio, muebles riquísimos, colgaduras, bronces. Las personas de rango asistentes a la reunión comentada, conocedoras de la vida porteña, aseguran que no hay en Buenos Aires instalación privada que pueda compararse con la de D'Amico, las casas de Alvear, Elortondo, de Irigoyen, del General Campos, Urquiza, Ocampo Sananás, Ausbay y otras de familias pudientes y de destacada situación social, son modestas habitaciones frente a la que acaba de inaugurarse en la nueva capital, el palacete de Santos en Montevideo, famoso por su lujo 'churigueresco' no tiene punto de comparación con este". 
Existen pocos documentos referidos a la majestuosa mansión de D'Amico. Sólo un informe oficial del tasador Francisco T. López que fue requerido años más tarde, en 1896, cuando el apogeo del palacio ya había pasado, echa luz sobre algunos de los atributos que despertaron el asombro de sus visitantes: "El piso principal, o sea el primero, lo forma una amplia entrada o zaguán y un hermoso vestíbulo abovedado, todo lujosamente decorado con pintura al óleo, un gran comedor, techo con yeso con dos grandes cuadros también al óleo así como las pinturas de las paredes que después casi en su totalidad están abiertas por galerías de portadas y aparadores anexos de nogal tallado, igual que el zócalo y el piso de mosaico de fresno y palo de rosa, puertas y ventanas de nogal con celosías de cedro, una gran sala formando martillo con grandes vidrieras con dos balcones a la calle 14, un salón de billar, una estufa en el comedor de mármol negro y nogal, un escritorio, una antesala, dos escritores, tres pasillos, una pieza pequeña, un comedor que da frente a un jardín y una especie de vivero de plantas en forma de terraza, todo cubierto por tres lados y el techo, siendo el otro costado un gran espejo biselado lo que forma una pared". 
Más adelante señala que los pisos son de mármol rosa combinados con los de nogal y los de palo de rosa. "¡Nada es durable, empero, en este mundo!", decía el historiador platense José María Rey en su libro "La nueva capital" al referirse al destino de tanto lujo desplegado por D'Amico. Treinta meses después de su inauguración, con la crisis de 1890 mediante, dos carteles sobre el frente del palacio daban por tierra con aquella opulencia inicial. "Se alquilan departamentos para hombres solos", decía uno sobre calle 14; mientras que sobre calle 53 se podía leer "Frontón Provincial", anunciaba que se había abierto al uso público la cancha de pelota del palacio. 
Finalmente, en 1907, el obispo Juan M. Terrero adquirió en remate público la casa en la suma de 138.00 pesos moneda nacional, para ser sede del Arzobispado. Desde entonces, hace más de un siglo, cumple esa función. ======================== 
Fecha de construcción: 1887
Estilo: Renacimiento italiano
Arquitecto: Leopoldo Rocchi
Destino original: Vivienda particular 
Destino actual: Sede del Arzobispado
Ubicación: Calle 14 esquina 53