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viernes, 20 de septiembre de 2013

QUINTA ORESTE SANTOSPAGO

Un palacete con aires europeos
En las afueras de la Ciudad, una imponente mansión de principio del siglo XX capta la atención de todos desde su construcción
En la época en que los cadetes del Servicio Penitenciario cumplían sus estudios como internados, el cuento de las noches de guardia hablaba del fantasma que deambulaba por el inmenso parque del caserón, espectro de la hija de Oreste Santospago, el italiano que construyó, a principios del Siglo XX, la soberbia mansión que domina, por su belleza y magnitud, la avenida 44 a la altura de la calle 135. La joven, narra la leyenda, padecía de tuberculosis, y para atenuar los efectos de la enfermedad navegaba con un pequeño bote por el arroyo que cruzaba la estancia y del que hoy es muestra de su existencia un par de puentes que no se retiró al entubar el canal.
A la salida de la Ciudad un palacio señorial irrumpe en la fisonomía de una zona que se fue poblando de a poco con viviendas bajas y locales comerciales. Una torreta cargada de molduras y un mirador serpenteado por una decorativa balaustrada sobresalen desde lo alto, atrás de una construcción de estilo italiano y en medio de un parque verde y frondoso. Al predio que ocupa tres manzanas -desde la calle 133 a 135 y desde 44 a 46- lo llaman, evocando al constructor que fundó allí su hogar y la sede de su empresa, Quinta Oreste Santospago. Desde hace cuarenta años es el establecimiento de formación de los agentes penitenciarios y ya lejos del sistema de pupilos (los estudios se cursan como en cualquier instituto de enseñanza superior) la llama de la historia del espíritu andador se va apagando.
La propiedad la adquirió el gobierno de la provincia de Buenos Aires en 1969. Primero fue la Escuela de Cadetes y luego se convirtió en el Instituto Superior de Formación y Capacitación del Personal Penitenciario. Una larga historia precede a la operación inmobiliaria. Santospago había nacido en la región de Abruzo, y llegó a la Argentina impulsado por un genio inquieto que lo guiaba hacia el camino del progreso. Se asentó en La Plata, todavía habitada por unos pocos pobladores, en su mayoría inmigrantes italianos. Creó una empresa constructora y al poco tiempo levantó el palacete donde viviría con su familia y conduciría la compañía.
Similar a las edificaciones de las antiguas y suntuosas villas de la península europea, la Quinta Oreste Santospago se caracteriza por la nobleza y calidad de los materiales que se usaron para su construcción -todos traídos de Italia- y por un diseño único del casco de la propiedad, que se despliega en una casa principal, una salón de billar, un anexo desde donde se atendían los requerimientos de la empresa y un elevadísimo y magnífico tanque de agua.
Recorrer el sector original de la estancia (con los años y por razones funcionales se añadieron construcciones) es un paseo por la estética dominante de tres siglos atrás. El emprendedor italiano, porfiado y obsesivo de las formas, quiso vivir en una réplica de la arquitectura de sus antepasados. Así, maravillan una estufa-hogar de mármol de Carrara con estatuillas y frisos de bronce; un aparador de ébano espejado que aún conserva los soportes donde se apoyaban los tacos de billar; arañas de varios brazos trabajados en detalle; mosaicos de granito que mantienen impecables las guardas con dibujos florales; el tanque de agua-mirador, retorcido hacia arriba con una escalera interna tipo caracol; las moldeadas vigas de los cielorrasos a tono con el mobiliario; cristales biselados; y una joya del arte platense de principios del siglo pasado: los frescos que pintó José Speroni en 1927 y que circundan, a modo de mural, el hall de entrada de lo que funciona como área administrativa.
Los jardines -aunque nada igualará a los de antaño, según los testimonios de antiguos vecinos de la zona, con faisanes, un enorme palomar, viñedos, árboles frutales, orquídeas y una flora exótica y abigarrada -merecen una mención puntual. Hoy quedan de entonces los rosales, arbustos de variadas especies, el zigzagueo de caminos que se bifurcan hacia todos los sectores del muro perimetral y la extensa pérgola que seguro fue el espacio de reuniones sociales de las noches de verano.
Otro detalle llamativo es que mientras vivió Oreste parte de la quinta se utilizó para la producción frutihortícola. Solidario, y sin olvidar sus orígenes, el dueño de las parcelas destinaba una buena porción de los cultivos para repartir entre las familias que habían sufrido el drama de la guerra.
PATRIMONIO CULTURAL
Declarado Patrimonio Cultural de la Provincia en 2007, el conjunto arquitectónico fue una atracción sin igual en los primeros años de la Ciudad. Las puertas del palacio estaban abiertas a la comunidad, contingentes de alumnos y público en general lo visitaban para pasar un día de campo que incluía el aprendizaje de algunas prácticas rurales. Desde hace un tiempo, cada año, al celebrarse el Día Internacional de los Monumentos y Sitios, la Quinta Oreste Santospago es parte de la propuesta. A la singularidad de la propiedad se le añade el interés por la sala histórica, donde se exhiben los trajes de gala y fajina que han utilizado los cadetes a lo largo de los años.
Julio Ríos dirige el Instituto Superior del Servicio Penitenciario. Su escritorio está ubicado en la casona de amplios ambientes, sobre antiguos listones de pinotea y en medio de una carpintería centenaria. El funcionario es, además de la autoridad máxima del establecimiento, egresado de la ex Escuela de Cadetes. Siente una profunda admiración por el lugar y no disimula su apego a la sede de la institución. "Todavía me asombro. Se ven las arañas, los pisos, las aberturas originales. Para mí es una madre institucional", confió.
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Fecha de construcción: 1925
Estilo:Italiano
Constructor: Oreste Santospago
Destino original: Vivienda familiar y sede de empresa constructora

Destino actual: Instituto Superior de Formación y Capacitación del Personal Penitenciario

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